La Semilla Herida

“Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la AFLICCIÓN o la PERSECUCIÓN por causa de la palabra, luego tropieza” (Mateo 13:20, 21, RV60).

Las parábolas del sembrador y las semillas siempre han sido interesantes para meditar. Contienen los principios del Reino de Dios y nos proporcionan sabiduría y aplicación para la actualidad. Si bien hay cuatro tipos de semillas, me gustaría tratar sobre un solo tipo.

Muchos de nosotros como Cristianos hemos comenzado nuestra caminar de fe con gran entusiasmo y celo, solo para enfrentarnos a problemas que nos ofenden y nos causan heridas profundas dentro de nuestro espíritu. Sentimos rechazo y dolor, y lo más natural para nosotros es retroceder dentro de nosotros mismos. Esto es, de hecho, exactamente lo que a Satanás le gustaría que hiciéramos. Debemos avanzar y superar nuestras heridas para que el Espíritu de Dios pueda hacernos crecer.

Este devocional se titula, La Semilla Herida. El versículo 21 habla de aflicción y persecución, y como resultado, tropiezo. Cuando algo está herido, hay un tipo de tejido cicatricial que lo cubre. En el tejido cicatricial, aparece una costra que sirve de protección. En la aplicación de la semilla, si la capa externa está endurecida más allá de su diseño, es posible que la semilla no pueda brotar y producir una cosecha. Si nos volvemos como una semilla endurecida debido a heridas, y no producimos la cosecha por el Espíritu de Dios, entonces, al igual que esa semilla, permaneceremos intactos.

Debemos llegar a un lugar de quebrantamiento para que el Espíritu de Dios pueda producir a través de nosotros una gran cosecha. Creo que Dios nos desafiaría a ir más allá de nuestras heridas, poniendo todos nuestros cuidados en Él. Él se preocupa por nosotros y desea que operemos en las áreas del amor y el perdón. Dios tiene un gran plan para nosotros, y debemos ir más allá de las tribulaciones y las persecuciones para que Él pueda cumplir su plena voluntad en nosotros.

¿Estamos dispuestos a dejar el pasado atrás, incluso con las heridas, y permitir que el Espíritu de Dios, de acuerdo con su propósito, se manifieste a través de nosotros?

-John Ogden Sr.-

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