La Necesidad de Reconocimiento En El Ser Humano

“… animaos unos a otros y edificaos unos a otros…” (1 Tesalonicenses 5:11)

Después de treinta años de matrimonio, su mujer estaba a punto de “tirar la toalla”. “Ya estoy harta de vivir contigo. Nunca más me dices que me quieres…”. Él respondió: “Cuando nos casamos te dije que te quería; si cambio de opinión, te lo haré saber”. Muchos líderes esperan que sus seguidores funcionen con el “piloto automático”puesto, como el marido anterior de corazón duro. No entienden que la gente florece cuando es estimada; lo necesita. A veces, las organizaciones cristianas son las peores: “Estás trabajando para el Señor y Él te lo recompensará”. Sí, todos trabajamos por esa“palmadita en la espalda” final en el Cielo, pero Dios espera que se la demos a otros también a lo largo del camino. Pablo escribió: “…animaos unos a otros y edificaos unos a otros” (1 Tesalonicenses 5:11).

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La Necesidad Del Reconocimiento

Algunas personas no necesitan recibir ánimo. Son tan fuertes y están tan ocupadas que cualquier intento de elogio sería como un mosquito irritante volando alrededor de la cara; con una mirada confusa lo rechazarían. También hay personas que sospechan de los piropos porque otros se aprovecharon de ellas. En su caso, todo lo que tienes que hacer es ser amable con ellas. Pero la mayoría de nosotros necesita reconocimiento, y en grandes cantidades. Phillis Theroux escribió: “Una de las cosas de la vida de la que la mayoría de la gente nunca tendrá lo suficiente, son los halagos. El ego nunca está tan lleno como para no aceptar una pequeña cortesía. Los cumplidos, por su propia naturaleza, son altamente `biodegradables’ y tienden a `disolverse’ a las pocas horas o pocos días de haberlos recibido, por lo que ¡siempre podemos beneficiarnos de otro!”.

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Sin unión no hay bendición

“COMO si alguno hallara mosto en un racimo…” (Isaías 65:8)

Dios le dijo a Isaías: “Como si alguno hallara mosto en un racimo y dijera: “No lo desperdicies, porque bendición hay en él”…” (Isaías 65:8). No se puede hacer vino con una sola uva; necesitas un racimo entero. No se puede ganar un partido con un solo jugador; hace falta todo un equipo. Toma nota de algunas cosas que tratan sobre cómo trabajar en equipo:

(1) Los miembros de un equipo deben cuidarse unos a otros.

Las personas indiferentes en un equipo nos recuerdan a dos náufragos sentados juntos en una punta de la barca sin hacer nada. Mientras que al otro lado los demás están achicando agua frenéticamente, el uno le dice al otro: “¡Gracias a Dios que el agujero no está en nuestro lado!”.

(2) Los miembros del equipo deben comunicarse.

Durante el huracán Katrina, cientos de personas murieron mientras los que podían ayudarles no hacían nada. ¿Por qué? Porque la comunicación falló…

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Sin Unión No Hay Bendición

(3) Tus “derechos” deben estar en segundo lugar.

El éxito del equipo siempre debe estar por encima de tus intereses personales. Tu actitud de “lo haré a mi modo porque sé que así funciona” priva a los demás de la oportunidad de participar, aprender y crecer, dejando el trabajo a medias y de mala manera.

Un día, un campesino vio que un camión del departamento de autopistas se detuvo en el arcén de la calzada. Un hombre se bajó del camión, excavó un hoyo en la tierra y volvió a subirse. Después bajó el otro ocupante, tapó el agujero y volvió a la cabina. Cada cincuenta metros, el insólito proceso se repetía. “¿Qué están haciendo?”, preguntó el campesino. El conductor le contestó: “Estamos trabajando en un plan de embellecimiento de la autopista, pero hoy, el que planta los árboles está enfermo”. ¿Cuál es la moraleja? ¡El Señor bendice a los que trabajan unidos [para Él y para sus propósitos]!

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¿Sabías Que Dios Conoce Tu Nombre?

“…a sus ovejas llama por nombre y las saca” (juan 10:3)

Cuando vemos un rebaño de ovejas, vemos exactamente eso, un rebaño: todas pareciendo iguales. Y sin embargo, para el pastor no es así: cada oveja tiene una historia distinta, y cada cara un nombre. Cuando vemos una muchedumbre, vemos eso, una muchedumbre, llenando un estadio o desbordando un centro comercial. Pero Jesús no la ve así; para Él, cada uno de nosotros tiene una historia y cada cara un nombre. “…en las palmas de las manos te tengo esculpida…” (Isaías 49:16). ¡Eso es tremendo! ¡Tu nombre está escrito en las manos de Dios, donde Él lo ve constantemente, como está también en sus labios (lee Juan 10:3)! Tal vez hayas visto en algunas cosas impresionantes, como en un premio o un diploma, o en la puerta de nogal de la oficina, pero en las manos del Señor y en sus labios es otra cosa, en la cual se merece meditar detenidamente, ¿verdad?

Dios Conoce Tu Nombre
¿Sabías que Dios Conoce Tu Nombre?

Esto significa que lo que es importante para ti, lo es también para Dios. Tal vez pienses que esto es cierto cuando se trata de cosas importantes, como la muerte, enfermedades, pecados o desastres. ¿Y las cosas más pequeñas, como problemas financieros que te producen inseguridad, discusiones con nuestros seres queridos que nos dejan agotados, o familiares que rinden menos y requieren más atención? Entiende esto:¡eres un hijo de Dios! Juan escribió: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios…” (1 Juan 3:1). Es como si Juan supiera que algunos de nosotros fuéramos a negar con la cabeza diciendo: “No, yo no; la Madre Teresa quizás, o Billy Graham, pero yo no”. Si éstos son tus sentimientos, entonces Juan añadió esta frase precisamente para ti: “Amados, ahora somos hijos de Dios…” (1 Juan 3:2). Esto significa que si algo es importante para ti, también lo es para el Señor. ¡Intenta aferrarte a esta verdad!

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