La Necesidad de Reconocimiento En El Ser Humano

“… animaos unos a otros y edificaos unos a otros…” (1 Tesalonicenses 5:11)

Después de treinta años de matrimonio, su mujer estaba a punto de “tirar la toalla”. “Ya estoy harta de vivir contigo. Nunca más me dices que me quieres…”. Él respondió: “Cuando nos casamos te dije que te quería; si cambio de opinión, te lo haré saber”. Muchos líderes esperan que sus seguidores funcionen con el “piloto automático”puesto, como el marido anterior de corazón duro. No entienden que la gente florece cuando es estimada; lo necesita. A veces, las organizaciones cristianas son las peores: “Estás trabajando para el Señor y Él te lo recompensará”. Sí, todos trabajamos por esa“palmadita en la espalda” final en el Cielo, pero Dios espera que se la demos a otros también a lo largo del camino. Pablo escribió: “…animaos unos a otros y edificaos unos a otros” (1 Tesalonicenses 5:11).

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La Necesidad Del Reconocimiento

Algunas personas no necesitan recibir ánimo. Son tan fuertes y están tan ocupadas que cualquier intento de elogio sería como un mosquito irritante volando alrededor de la cara; con una mirada confusa lo rechazarían. También hay personas que sospechan de los piropos porque otros se aprovecharon de ellas. En su caso, todo lo que tienes que hacer es ser amable con ellas. Pero la mayoría de nosotros necesita reconocimiento, y en grandes cantidades. Phillis Theroux escribió: “Una de las cosas de la vida de la que la mayoría de la gente nunca tendrá lo suficiente, son los halagos. El ego nunca está tan lleno como para no aceptar una pequeña cortesía. Los cumplidos, por su propia naturaleza, son altamente `biodegradables’ y tienden a `disolverse’ a las pocas horas o pocos días de haberlos recibido, por lo que ¡siempre podemos beneficiarnos de otro!”.

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Sin unión no hay bendición

“COMO si alguno hallara mosto en un racimo…” (Isaías 65:8)

Dios le dijo a Isaías: “Como si alguno hallara mosto en un racimo y dijera: “No lo desperdicies, porque bendición hay en él”…” (Isaías 65:8). No se puede hacer vino con una sola uva; necesitas un racimo entero. No se puede ganar un partido con un solo jugador; hace falta todo un equipo. Toma nota de algunas cosas que tratan sobre cómo trabajar en equipo:

(1) Los miembros de un equipo deben cuidarse unos a otros.

Las personas indiferentes en un equipo nos recuerdan a dos náufragos sentados juntos en una punta de la barca sin hacer nada. Mientras que al otro lado los demás están achicando agua frenéticamente, el uno le dice al otro: “¡Gracias a Dios que el agujero no está en nuestro lado!”.

(2) Los miembros del equipo deben comunicarse.

Durante el huracán Katrina, cientos de personas murieron mientras los que podían ayudarles no hacían nada. ¿Por qué? Porque la comunicación falló…

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Sin Unión No Hay Bendición

(3) Tus “derechos” deben estar en segundo lugar.

El éxito del equipo siempre debe estar por encima de tus intereses personales. Tu actitud de “lo haré a mi modo porque sé que así funciona” priva a los demás de la oportunidad de participar, aprender y crecer, dejando el trabajo a medias y de mala manera.

Un día, un campesino vio que un camión del departamento de autopistas se detuvo en el arcén de la calzada. Un hombre se bajó del camión, excavó un hoyo en la tierra y volvió a subirse. Después bajó el otro ocupante, tapó el agujero y volvió a la cabina. Cada cincuenta metros, el insólito proceso se repetía. “¿Qué están haciendo?”, preguntó el campesino. El conductor le contestó: “Estamos trabajando en un plan de embellecimiento de la autopista, pero hoy, el que planta los árboles está enfermo”. ¿Cuál es la moraleja? ¡El Señor bendice a los que trabajan unidos [para Él y para sus propósitos]!

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¿Sabías Que Dios Conoce Tu Nombre?

“…a sus ovejas llama por nombre y las saca” (juan 10:3)

Cuando vemos un rebaño de ovejas, vemos exactamente eso, un rebaño: todas pareciendo iguales. Y sin embargo, para el pastor no es así: cada oveja tiene una historia distinta, y cada cara un nombre. Cuando vemos una muchedumbre, vemos eso, una muchedumbre, llenando un estadio o desbordando un centro comercial. Pero Jesús no la ve así; para Él, cada uno de nosotros tiene una historia y cada cara un nombre. “…en las palmas de las manos te tengo esculpida…” (Isaías 49:16). ¡Eso es tremendo! ¡Tu nombre está escrito en las manos de Dios, donde Él lo ve constantemente, como está también en sus labios (lee Juan 10:3)! Tal vez hayas visto en algunas cosas impresionantes, como en un premio o un diploma, o en la puerta de nogal de la oficina, pero en las manos del Señor y en sus labios es otra cosa, en la cual se merece meditar detenidamente, ¿verdad?

Dios Conoce Tu Nombre
¿Sabías que Dios Conoce Tu Nombre?

Esto significa que lo que es importante para ti, lo es también para Dios. Tal vez pienses que esto es cierto cuando se trata de cosas importantes, como la muerte, enfermedades, pecados o desastres. ¿Y las cosas más pequeñas, como problemas financieros que te producen inseguridad, discusiones con nuestros seres queridos que nos dejan agotados, o familiares que rinden menos y requieren más atención? Entiende esto:¡eres un hijo de Dios! Juan escribió: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios…” (1 Juan 3:1). Es como si Juan supiera que algunos de nosotros fuéramos a negar con la cabeza diciendo: “No, yo no; la Madre Teresa quizás, o Billy Graham, pero yo no”. Si éstos son tus sentimientos, entonces Juan añadió esta frase precisamente para ti: “Amados, ahora somos hijos de Dios…” (1 Juan 3:2). Esto significa que si algo es importante para ti, también lo es para el Señor. ¡Intenta aferrarte a esta verdad!

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Una Vida Con Propósito Y Significado

“…MÍO ERES TÚ…” (Isaías 43:1)

Hay una canción famosa de Dean Martin que dice ‘No eres nadie hasta que alguien te quiere’. Esa letra revela nuestros anhelos más profundos. Queremos que nuestras vidas valgan, que tengan transcendencia. Nuestro mayor temor es pasar por la vida sin que nadie se dé cuenta. Nos preocupa sobremanera la falta de estudios, nuestra situación económica comparada con la de otros, y el aspecto físico. Por eso nos molestamos cuando a un amigo se le olvida llamarnos, un profesor no recuerda nuestro nombre o un compañero de trabajo se lleva los honores de algo que hemos hecho nosotros. Buscamos atención, dejamos caer en las conversaciones nombres de personas de prestigio para darnos importancia y ponemos pegatinas llamativas en nuestros coches. Los diseñadores de moda nos dicen ‘Si llevas nuestros vaqueros serás alguien’ . Así que vamos a la tienda y gastamos la mitad del sueldo en unos vaqueros italianos. Pero luego -¡qué horror!- cambia el estilo, ya no se llevan ajustados sino anchos y pálidos en lugar de oscuros. Así que nos quedamos vistiendo la moda de ayer, sintiéndonos como que somos una noticia pasada.

Al grano: No puedes adquirir el sentido de trascendencia con cosas exteriores; es algo interno. Lo que da significado a tu vida es alguien en quien confías, que nunca va a cambiar; alguien que conoce lo peor de ti y aun así siempre cree lo mejor. Y sólo hay un ser así: Dios. Así que lee lo siguiente: “Ahora, así dice el Señor, Creador… y Formador tuyo…: «No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás ni la llama arderá en ti. Porque yo, El Señor, [soy] Dios tuyo… Porque a mis ojos eres de gran estima…” (Isaías 43:1-4).

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“GRACIAS POR HACERME…” (Salmo 139:14 NTV)

Buscamos el significado a la vida de diferentes formas. Pensamos que si podemos relacionarnos con alguien especial llegaremos a ser alguien especial. O intentamos que algo de nosotros perdure después de nuestra muerte. Cuando el billonario se da cuenta de que se van a acabar sus años antes que su dinero, crea una fundación benéfica. Por el mismo motivo tenemos hijos; pensamos que cuando nos muramos, nuestros descendientes nos recordarán como “Mi querido papá” o “Mi buena mamá” y así prolongamos nuestra vida a través de la suya. El famoso ateo Bertrand Russel dijo: ‘Sé que cuando me muera, mis huesos se pudrirán y nada quedará de mi ego’. A lo mejor piensas que no tiene razón. ¡Pues claro que no!

Jesús dijo: “…Aun vuestros cabellos están todos contados” (Mateo 10:30). Comprobamos un buen número de cosas: la cantidad de dinero en el banco, la gasolina que queda en el depósito, los kilos en la báscula, etc. ¿Y qué hay del pelo?Lo peinamos, lo teñimos, lo cortamos pero no lo contamos. Dios cuenta nuestros cabellos. Dios te tenía en Su mente, sabe todo lo que atañe a tu vida y te ama. El salmista escribió: “Tú creaste las delicadas partes internas de mi cuerpo y me entretejiste en el vientre de mi madre. ¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo! Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien. Tú me observabas mientras iba cobrando forma en secreto, mientras se entretejían mis par tes en la oscuridad de la matriz. Me viste antes de que naciera. Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro Cada momento fue diseñado antes de que un solo día pasara. Qué preciosos son tus pensamientos acerca de mí, oh Dios…” (Salmo 139:13-17 NTV).

“…LAS AFLICCIONES DEL TIEMPO PRESENTE NO SON COMPARABLES CON LA GLORIA VENIDERA QUE EN NOSOTROS HA DE MANIFESTARSE” (Romanos 8:18)

Cuando Viktor Frankl fue llevado como prisionero al campo de concentración de Auschwitz, había estado escribiendo un libro acerca de “el sentido de la vida”. Pero le despojaron de sus ropas y se las llevaron, incluido el manuscrito que había escondido en el forro del abrigo, lo que le hizo cuestionarse si de verdad la vida tenía sentido. Poco después sucedió algo: los nazis le dieron los harapos de un preso que había sido mandado a las cámaras de gas y Frankl encontró en el bolsillo un papel que contenía una oración judía (Deuteronomio 6:4-5): “Oye, Israel: El Señor, nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu Dios, de todo tu corazón, de toda tu alma y con todas tus fuerzas”. ‘¿Cómo interpretar tal casualidad?’ se preguntó. ‘La única manera es vivir mis pensamientos, en lugar de simplemente plasmarlos en papel’.

Posteriormente escribió: “Nada en este mundo te ayuda más a sobrevivir que el saber que tu vida tiene un propósito. Quien tiene una razón para vivir puede soportar cualquier adversidad”. Charles Dickens era cojo; también Handel; Homero era ciego; Platón era jorobado; Sir Walter Scott era paralítico. Y Pablo pasó casi todo su ministerio (excepto siete años) en la cárcel. ¿Qué les infundió a estas personas el valor para superar todas esas circunstancias? ¡El propósito! Cada uno de ellos tenía un anhelo y vivía impulsado por un fuego interior que no podía ser extinguido. Su razón de ser era mayor que cualquier circunstancia adversa. ¿Y la tuya?

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Tu Eres Un “Sacerdote” en el trabajo

“FRUCTIFICAD Y MULTIPLICAOS… EJERCED POTESTAD” (Génesis 1:28)

Si quieres saber cuál fue el plan original de Dios para cada uno de nosotros mira a Adán: “Y creó Dios al hombre a su imagen… Los bendijo Dios y les dijo: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla; ejerced potestad… sobre la tierra»” (Génesis 1:27-28). Fuimos creados para ser productivos, para multiplicarnos y para gobernar. Y toda profesión conocida abarca esas tres funciones. Un sacerdote es alguien que representa a Dios en nombre de otros y a otros en nombre de Dios. Y ésa es la descripción original de todos nosotros. Fuimos hechos a la imagen de Dios para seguir Su obra, que consiste en hacer florecer la tierra para que la tierra alabe a Dios.

Toda obra humana fue concebida por Dios para ser una obra sacerdotal. No solamente los clérigos o los misioneros han sido llamados por Dios, ni tampoco son necesariamente los que más le agradan, o los más importantes para Él. El erudito bíblico N.T. Wright nos describe una imagen muy bonita de este concepto. Él imagina a los humanos como espejos colocados en un ángulo de 45° entre el cielo y la tierra. Fuimos creados para reflejar el cuidado y el dominio de Dios en la tierra y reflejar de vuelta la alabanza y la gratitud de la creación a Dios. Eso lo que hacemos cuando trabajamos. Tienes un llamado. Tienes dones. Eres sacerdote. Y eso no está relacionado sólo con tu colaboración en la iglesia. Tu esfera laboral es el lugar por excelencia donde vives tu llamado. Cuando empiezas a verte a com o “ordenado por Dios” para hacer el trabajo que haces, eso te hará sonreír, te dará energía y añadirá dignidad a tu labor.

“VOSOTROS SOIS… REAL SACERDOCIO…” (1 Pedro 2:9)

En su libro Hábitos del Corazón, el sociólogo Robert N. Bellah describe tres actitudes que la gente tiene hacia su trabajo. Hay un grupo de personas para quienes el trabajo no es más que eso, un empleo, una forma de hacer dinero y pagar las facturas. Como decía la adhesivo de un automóvil “Debo mucho dinero así que tengo que ir a trabajar”. Pero si lo único que importa es lo que puedes sacar de tu trabajo, acabarás amargándote. El segundo grupo ve su trabajo como una carrera. En este caso la motivación va a ser mayor, pero se hará hincapié nada más en progresar y tener prestigio. Significa, entonces, que si tu carrera no va bien, puedes pensar que tu valía está en entredicho. El tercer grupo ve su trabajo como un llamamiento.

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Ahora bien, por lógica, si hay un llamado significa que alguien llama ¿no? Ese alguien es Dios. Tú no eres el que llama, si no el que es llamado, y cualquier trabajo que repercuta para bien y que sea de bendición para otros y cumpla los propósitos de Dios es un llamamiento. Es posible que un médico o un clérigo vean su trabajo como un mero empleo, un medio de ganar un buen sueldo. Y es posible también que un barrendero considere su labor -hacer del mundo un lugar más limpio- como un llamamiento. No le estamos quitando importancia a quienes están en los púlpitos y predican; estamos dándoles mayor relevancia a los que sirven a Dios 40 horas a la semana en otros muchos campos laborales. La clave es ésta: si el trabajo se hace bien, ambos grupos oirán el elogio del Señor: “…¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel!…” (Mateo 25:23 NVI).

“ES DIOS QUIEN LO INSTRUYE Y LE ENSEÑA CÓMO HACERLO” (Isaías 28:26 NVI)

Todos los agraciados de la lotería suelen hacer el mismo comentario cuando les toca:‘Ganar todo ese dinero no me va a cambiar la vida’. Pero raramente es así. Seis meses más tarde ya han dejado su trabajo y comprado una casa nueva. Una encuesta entre este grupo de personas confirmó dos cosas:

1) La mayoría de ellos era más infeliz después del premio que antes.

¿Por qué? Por la desilusión y el resentimiento con algunos familiares y amigos, a causa de las demandas de éstos y sus expectativas no cumplidas.

2) Ninguno de ellos podría vivir ya sin el dinero ganado.

Cuando has tenido mucho dinero, sueles sentirte muy desgraciado con menos. No obstante, tener más dinero no significa que valgas más.

Escribió Isaías: “Cuando un agricultor ara para sembrar ¿lo hace sin descanso? ¿No siembra trigo en hileras…? Es Dios quien lo instruye y le enseña cómo hacerlo… esto viene del Señor Todopoderoso…” (Isaías 28:24-29 NVI). Significa eso que ya seas agricultor o bombero, ¡Dios te dio ese trabajo! Ése es tu llamado y su propósito no se limita a brindarte seguridad financiera. Fue concebido para darte dignidad y valía, y para cumplir los objetivos de Dios en la tierra. El teólogo Miroslav Volf escribe: “Todo trabajo humano, ya sea sencillo o complicado, es posible gracias a la intervención del Espíritu de Dios en la persona que trabaja; y toda tarea cuyo resultado y naturaleza refleje los valores de la nueva creación se cumple bajo las instrucciones y la inspiración del Espíritu de Dios”. Entonces, “Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor…” (Colosenses 3:23).

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Dios No Tiene Prisa

Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él. Isaías 30:18

¿Alguna vez has notado que Dios no tiene prisa? Le tomó 40 años para Moisés para recibir su llamado para conducir al pueblo de Egipto. Le tomó 17 años de preparación antes de que José fuera liberado de la esclavitud y encarcelado. Le tomó 20 años antes de que Jacob fuera libre del control de Labán. Abraham y Sara eran viejos cuando finalmente recibieron el hijo de la promesa, Isaac.

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¿Por qué Dios no tiene prisa?

Dios llamó a cada uno de estos siervos para llevar a cabo una determinada tarea en su Reino, sin embargo, Él no tenía ninguna prisa para llevar a cabo su misión. En primer lugar, Él logró lo que quería en ellos. A menudo estamos más enfocados en los resultados que en el proceso que Él está logrando en nuestras vidas cada día. Cuando experimentamos su presencia todos los días, un día nos despertamos y nos damos cuenta de que Dios ha hecho algo especial en y a través de nosotros. Sin embargo, la realización ya no es lo que nos anima. En cambio, lo que nos anima es que Él está siempre presente. A través de los tiempos, nos volvemos más familiarizados con su amor, gracia y su poder en nosotros. Cuando esto sucede, ya no estamos enfocados en el resultado porque el resultado es “el resultado” (valga la redundancia) de nuestro caminar con Él. No es el objetivo de nuestro caminar, pero es el subproducto. Por lo tanto, cuando José llegó al poder en Egipto, probablemente no se importo mucho con esto. Por que había llegado a un lugar de completa entrega por esto no estaba ansioso por el mañana y sus circunstancias.

Esta es la lección para nosotros. Tenemos que esperar el tiempo de Dios y abrazarlo dondequiera que estemos en el proceso. Cuando encontramos la satisfacción y realización en ese lugar, empezamos a experimentar a Dios en formas que nunca antes pensamos posibles.

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¿Cómo Aprender A Vivir Como Jesús?

“APRENDED DE MÍ”.Y HALLARÉIS DESCANSO PARA VUESTRAS ALMAS.(Mateo 11:29)

Notemos que a diferencia de nosotros, Jesús no sufrió de miedo al fracaso. Es porque nunca le pasó por la mente el no poder hacer algo que su Padre ya le había asegurado que podría hacer. Y tampoco sufrió de miedo a la escasez. Aunque vivió una vida sencilla, fue responsable de su propio mantenimiento y del de un grupo de personas.

¿Cómo lo hizo?

Oraba mucho y se mantenía en sintonía con su Padre Celestial. Por consiguiente, sabía cómo pescar cuando los peces no picaban o encontrar el dinero de los impuestos en la boca de un pez cuando lo necesitó (¡sí, Jesús pagó sus impuestos!).

Tal vez Dios no te provea de la misma forma, pero ha prometido cuidar de ti (1 Pedro 5:7).

Jesús te está diciendo hoy: “Venid a mí” aprended de mí “y hallaréis descanso para vuestras almas [las emociones y la mente]”. (Mateo 11:29).

Viviendo La Vida de Jesús

El estrés nos llega por nuestra necesidad de saber todo de antemano, de estar en control. Aun después de orar y supuestamente entregar la situación al Señor, nos creamos un “plan de emergencia”, en caso de que Él no maneje las cosas como pensamos que debería hacerlo. ¿Tú haces eso? No pones el dinero en el banco y luego te pasas la noche en vela preocupándote por ello, ¿verdad?. Pues al menos ten la misma confianza en Dios.

Cada vez que entras en un torbellino de interrogantes sobre el qué, el cuándo, el cómo, el dónde, entrégaselo a Dios. No a ese Dios pequeño de tu entendimiento, sino al gran Dios cuyos hechos hablan por sí mismos, cuya fidelidad nunca falla y quien se ha ganado el derecho de preguntarte:

“Hay alguna cosa difícil para [mí]” (Génesis 18:14). En otras palabras, ¡aprende a vivir como Jesús!

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Recibir la Recompensa

No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. (Hebreos 10:35,36)

La mayoría de nosotros tenemos una idea distorsionada acerca de la paciencia. Pensamos que es algo que nos ayudará a sufrir el fracaso con abnegación, pero según estos versículos, la paciencia nos pondrá en el camino al éxito.

La paciencia, o la constancia, es el poder gemelo de la fe. Ambas trabajan para que las promesas de Dios se cumplan en su vida. Por ejemplo, digamos que usted necesita trabajo. Entonces abre la Palabra y ahí puede ver que Dios promete suplir lo que necesita y que Él se deleita en la prosperidad de sus siervos. Una vez que se da cuenta de esas verdades, la fe cobra fuerza y usted exclama: “Aleluya, tengo el trabajo que necesito”.

Pero ¿qué sucede con esa fe si mañana usted va a tres entrevistas de trabajo pero no tiene éxito con ninguna? ¿Entonces qué? Pues, entonces es cuando la paciencia tiene que entrar en acción y usted tiene que tomar la decisión de ser constante y de actuar como si nada hubiera cambiado.

La verdad es que, si usted puso su confianza en la Palabra de Dios, nada ha cambiado; lo que la Palabra dijo ayer lo dice igualmente hoy. la fe abre le la puerta a la promesa de Dios y la paciencia la mantiene abierta hasta que esa promesa se cumpla.

¿Tiene su mira de fe puesta en alguna promesa de Dios, alguna promesa que ha estado esperando por algún tiempo? No deje que la demora lo desaliente. Ponga la paciencia en acción. La Palabra garantiza que usted recibirá su recompensa.

Señor, sin importar las circunstancias, por favor ayúdame a seguir adelante, aprendiendo a ser paciente y a esperar por Tus tiempos y tus planes que son los más altos. Amén.

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Cómo Caminar con Dios

“Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos”  (Salmo 32:8)

Enoc caminaba tan de cerca del Señor, que la Biblia dice: “Y desapareció, porque le llevó Dios” (Gn 5.24). Esto significa que Enoc no murió, sino que fue llevado directamente a la presencia del Señor. ¡Qué testimonio tan maravilloso!

Al tratar de seguir a Dios con la misma pasión de Enoc, aprendemos algunos pasos que nos ayudarán a crecer en nuestro caminar con el Señor.

Reconciliarnos con Él. Esta palabra significa, esencialmente: “Dios moviéndose hacia nosotros”. El gozo de este paso es que ya no depende de nosotros; todo depende de Él. Por medio de la cruz de Jesucristo, Dios ya tomó la iniciativa de buscarnos (2 Co 5.18). Cuando ponemos la fe en el Salvador, inmediatamente formamos parte de esa reconciliación.

Confiar en Él. Nuestro Padre celestial quiere que sepamos que está interesado en nuestro crecimiento espiritual. También quiere que confiemos en Él, pues en Cristo, tenemos el medio por el cual podemos caminar íntimamente a su lado.

Coincidir con Él. Para valorar la intimidad que Dios quiere tener con nosotros, debemos estar de acuerdo con lo que enseña su Palabra en cuanto a su Hijo, la iglesia y el pecado.

Tener compañerismo con Él. Así como nuestras relaciones humanas se deshacen sin el contacto regular, nuestra intimidad con el Padre se debilita cuando no pasamos tiempo con Él.

Caminar con Dios no es una misión imposible, pero sí requiere una cuidadosa atención a los detalles de nuestra vida espiritual. Si nuestro rumbo es hacia Dios, Él siempre estará allí para dirigir nuestros pasos (Pr 16.9).

Señor, en este día quiero hacer tu voluntad, enséñame tu camino, guíame en tu verdad, bendice mis pasos con tu luz divina, para dirigirme siempre a los destinos de bien, que sólo a Tu lado puedo encontrar. Amén.
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Se un Buen Ejemplo

“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:1-2)

Muchas veces pasamos por alto que las acciones son mas valiosas que las palabras y que por ende si pregonamos con nuestro ejemplo, podremos transmitir con mucho más fuerza el sentido de aquello que hacemos.

Las escrituras de hoy nos exhortan a eso, a ser imitadores de Dios, pero dando el ejemplo y  siendo testimonio de su poder de transformación con nuestras obras y acciones, sacrificio y amor desprendidos, alejando de nosotros contiendas, rencor y todos aquellos malos sentimientos que nos alejan de horar al Señor.

La sabiduría de Las Escrituras nos enseña que el premio del Señor, lo merecen todos aquellos que mediante el buen fruto, conducen a sus hermanos los senderos de Dios:  “Porque ni de oriente ni de occidente, Ni del desierto viene el enaltecimiento. Mas Dios es el juez; A éste humilla, y a aquél enaltece”. (Salmos 75:6-7)

Ten presente hoy transitar por el camino del buen ejemplo. Se consciente de tus comportamientos y de la manera en que tus acciones actuales son reflejo de la persona que Dios quiere que seas para contigo y para otros. Recuerda que sólo podremos ser dignos imitadores de Dios en la medida en que seamos instrumento del Señor para servir a otros y acercarlos a Su camino.

Se Hoy Su mejor ejemplo.

Señor, quiero imitarte, seguir tu ejemplo y convertirme en un modelo que sirva a otros en su desarrollo. Dame sabiduría para tomar las decisiones correctas y de esa forma ser, con mis dones y capacidades instrumento de tu acción y propósito en la vida de los que me rodean. Amén.

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