Dios No Tiene Prisa

Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él. Isaías 30:18

¿Alguna vez has notado que Dios no tiene prisa? Le tomó 40 años para Moisés para recibir su llamado para conducir al pueblo de Egipto. Le tomó 17 años de preparación antes de que José fuera liberado de la esclavitud y encarcelado. Le tomó 20 años antes de que Jacob fuera libre del control de Labán. Abraham y Sara eran viejos cuando finalmente recibieron el hijo de la promesa, Isaac.

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¿Por qué Dios no tiene prisa?

Dios llamó a cada uno de estos siervos para llevar a cabo una determinada tarea en su Reino, sin embargo, Él no tenía ninguna prisa para llevar a cabo su misión. En primer lugar, Él logró lo que quería en ellos. A menudo estamos más enfocados en los resultados que en el proceso que Él está logrando en nuestras vidas cada día. Cuando experimentamos su presencia todos los días, un día nos despertamos y nos damos cuenta de que Dios ha hecho algo especial en y a través de nosotros. Sin embargo, la realización ya no es lo que nos anima. En cambio, lo que nos anima es que Él está siempre presente. A través de los tiempos, nos volvemos más familiarizados con su amor, gracia y su poder en nosotros. Cuando esto sucede, ya no estamos enfocados en el resultado porque el resultado es “el resultado” (valga la redundancia) de nuestro caminar con Él. No es el objetivo de nuestro caminar, pero es el subproducto. Por lo tanto, cuando José llegó al poder en Egipto, probablemente no se importo mucho con esto. Por que había llegado a un lugar de completa entrega por esto no estaba ansioso por el mañana y sus circunstancias.

Esta es la lección para nosotros. Tenemos que esperar el tiempo de Dios y abrazarlo dondequiera que estemos en el proceso. Cuando encontramos la satisfacción y realización en ese lugar, empezamos a experimentar a Dios en formas que nunca antes pensamos posibles.

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¿Cómo Aprender A Vivir Como Jesús?

“APRENDED DE MÍ”.Y HALLARÉIS DESCANSO PARA VUESTRAS ALMAS.(Mateo 11:29)

Notemos que a diferencia de nosotros, Jesús no sufrió de miedo al fracaso. Es porque nunca le pasó por la mente el no poder hacer algo que su Padre ya le había asegurado que podría hacer. Y tampoco sufrió de miedo a la escasez. Aunque vivió una vida sencilla, fue responsable de su propio mantenimiento y del de un grupo de personas.

¿Cómo lo hizo?

Oraba mucho y se mantenía en sintonía con su Padre Celestial. Por consiguiente, sabía cómo pescar cuando los peces no picaban o encontrar el dinero de los impuestos en la boca de un pez cuando lo necesitó (¡sí, Jesús pagó sus impuestos!).

Tal vez Dios no te provea de la misma forma, pero ha prometido cuidar de ti (1 Pedro 5:7).

Jesús te está diciendo hoy: “Venid a mí” aprended de mí “y hallaréis descanso para vuestras almas [las emociones y la mente]”. (Mateo 11:29).

Viviendo La Vida de Jesús

El estrés nos llega por nuestra necesidad de saber todo de antemano, de estar en control. Aun después de orar y supuestamente entregar la situación al Señor, nos creamos un “plan de emergencia”, en caso de que Él no maneje las cosas como pensamos que debería hacerlo. ¿Tú haces eso? No pones el dinero en el banco y luego te pasas la noche en vela preocupándote por ello, ¿verdad?. Pues al menos ten la misma confianza en Dios.

Cada vez que entras en un torbellino de interrogantes sobre el qué, el cuándo, el cómo, el dónde, entrégaselo a Dios. No a ese Dios pequeño de tu entendimiento, sino al gran Dios cuyos hechos hablan por sí mismos, cuya fidelidad nunca falla y quien se ha ganado el derecho de preguntarte:

“Hay alguna cosa difícil para [mí]” (Génesis 18:14). En otras palabras, ¡aprende a vivir como Jesús!

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No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. (Hebreos 10:35,36)

La mayoría de nosotros tenemos una idea distorsionada acerca de la paciencia. Pensamos que es algo que nos ayudará a sufrir el fracaso con abnegación, pero según estos versículos, la paciencia nos pondrá en el camino al éxito.

La paciencia, o la constancia, es el poder gemelo de la fe. Ambas trabajan para que las promesas de Dios se cumplan en su vida. Por ejemplo, digamos que usted necesita trabajo. Entonces abre la Palabra y ahí puede ver que Dios promete suplir lo que necesita y que Él se deleita en la prosperidad de sus siervos. Una vez que se da cuenta de esas verdades, la fe cobra fuerza y usted exclama: “Aleluya, tengo el trabajo que necesito”.

Pero ¿qué sucede con esa fe si mañana usted va a tres entrevistas de trabajo pero no tiene éxito con ninguna? ¿Entonces qué? Pues, entonces es cuando la paciencia tiene que entrar en acción y usted tiene que tomar la decisión de ser constante y de actuar como si nada hubiera cambiado.

La verdad es que, si usted puso su confianza en la Palabra de Dios, nada ha cambiado; lo que la Palabra dijo ayer lo dice igualmente hoy. la fe abre le la puerta a la promesa de Dios y la paciencia la mantiene abierta hasta que esa promesa se cumpla.

¿Tiene su mira de fe puesta en alguna promesa de Dios, alguna promesa que ha estado esperando por algún tiempo? No deje que la demora lo desaliente. Ponga la paciencia en acción. La Palabra garantiza que usted recibirá su recompensa.

Señor, sin importar las circunstancias, por favor ayúdame a seguir adelante, aprendiendo a ser paciente y a esperar por Tus tiempos y tus planes que son los más altos. Amén.

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Cómo Caminar con Dios

“Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos”  (Salmo 32:8)

Enoc caminaba tan de cerca del Señor, que la Biblia dice: “Y desapareció, porque le llevó Dios” (Gn 5.24). Esto significa que Enoc no murió, sino que fue llevado directamente a la presencia del Señor. ¡Qué testimonio tan maravilloso!

Al tratar de seguir a Dios con la misma pasión de Enoc, aprendemos algunos pasos que nos ayudarán a crecer en nuestro caminar con el Señor.

Reconciliarnos con Él. Esta palabra significa, esencialmente: “Dios moviéndose hacia nosotros”. El gozo de este paso es que ya no depende de nosotros; todo depende de Él. Por medio de la cruz de Jesucristo, Dios ya tomó la iniciativa de buscarnos (2 Co 5.18). Cuando ponemos la fe en el Salvador, inmediatamente formamos parte de esa reconciliación.

Confiar en Él. Nuestro Padre celestial quiere que sepamos que está interesado en nuestro crecimiento espiritual. También quiere que confiemos en Él, pues en Cristo, tenemos el medio por el cual podemos caminar íntimamente a su lado.

Coincidir con Él. Para valorar la intimidad que Dios quiere tener con nosotros, debemos estar de acuerdo con lo que enseña su Palabra en cuanto a su Hijo, la iglesia y el pecado.

Tener compañerismo con Él. Así como nuestras relaciones humanas se deshacen sin el contacto regular, nuestra intimidad con el Padre se debilita cuando no pasamos tiempo con Él.

Caminar con Dios no es una misión imposible, pero sí requiere una cuidadosa atención a los detalles de nuestra vida espiritual. Si nuestro rumbo es hacia Dios, Él siempre estará allí para dirigir nuestros pasos (Pr 16.9).

Señor, en este día quiero hacer tu voluntad, enséñame tu camino, guíame en tu verdad, bendice mis pasos con tu luz divina, para dirigirme siempre a los destinos de bien, que sólo a Tu lado puedo encontrar. Amén.
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Se un Buen Ejemplo

“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:1-2)

Muchas veces pasamos por alto que las acciones son mas valiosas que las palabras y que por ende si pregonamos con nuestro ejemplo, podremos transmitir con mucho más fuerza el sentido de aquello que hacemos.

Las escrituras de hoy nos exhortan a eso, a ser imitadores de Dios, pero dando el ejemplo y  siendo testimonio de su poder de transformación con nuestras obras y acciones, sacrificio y amor desprendidos, alejando de nosotros contiendas, rencor y todos aquellos malos sentimientos que nos alejan de horar al Señor.

La sabiduría de Las Escrituras nos enseña que el premio del Señor, lo merecen todos aquellos que mediante el buen fruto, conducen a sus hermanos los senderos de Dios:  “Porque ni de oriente ni de occidente, Ni del desierto viene el enaltecimiento. Mas Dios es el juez; A éste humilla, y a aquél enaltece”. (Salmos 75:6-7)

Ten presente hoy transitar por el camino del buen ejemplo. Se consciente de tus comportamientos y de la manera en que tus acciones actuales son reflejo de la persona que Dios quiere que seas para contigo y para otros. Recuerda que sólo podremos ser dignos imitadores de Dios en la medida en que seamos instrumento del Señor para servir a otros y acercarlos a Su camino.

Se Hoy Su mejor ejemplo.

Señor, quiero imitarte, seguir tu ejemplo y convertirme en un modelo que sirva a otros en su desarrollo. Dame sabiduría para tomar las decisiones correctas y de esa forma ser, con mis dones y capacidades instrumento de tu acción y propósito en la vida de los que me rodean. Amén.

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Palabras de Fe

Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno saca cosas buenas del buen tesoro de su corazón; el hombre malo saca cosas malas de su mal tesoro. (Mateo 12:34-35)

Así como las palabras no funcionan sin fe, la fe sin palabras, tampoco funciona. Ambas son necesarias para activar la ley de la fe.

Hay muchos creyentes que ignoran ese principio. Siempre hablan palabras de duda e incredulidad. Luego, un día se les ocurre levantarse y declarar algunas palabras de fe, y esperan mover montañas. Sin embargo, para su sorpresa, las montañas no se mueven.

¿Por qué no se mueven?

Porque Mateo 12:34-35 dice que son aquellas palabras que vienen del corazón las que producen resultados.

¿Eso quiere decir que no deberías hablar palabras de fe hasta que no estés seguro de que tiene la fe para respaldarlas?

¡No! Hablar palabras de fe es un buen ejercicio espiritual. Por ejemplo: si quieres recibir sanidad, sujeta tu mente y tu boca a la Palabra de Dios en lo que concierne a la salud. En lugar de hablar de lo mal que te sientes, repite lo que dice Isaías 53:5: «Pero él será herido por nuestros pecados; ¡molido por nuestras rebeliones! Sobre él vendrá el castigo de nuestra paz, y por su llaga seremos sanados».

Si continúas meditando en esas palabras, empezará a ir cada vez más profundo. Echarán raíz en tu corazón y empezaran a crecer. Eventualmente, estarás hablando de la abundancia de tu corazón.

Y cuando eso suceda, no importará cómo luzcan las circunstancias. Porque sabrás que recibirás lo que has estado creyendo. Habrás cruzado la línea de la esperanza a la fe, ¡y verás las montañas moverse!

Señor, ayúdame a mostrar la abundancia de mi corazón, con palabras que brinden alivio y sabiduría a aquellos que me rodean. Que sean mis palabras, ante cualquier circunstancias, ejemplo de fe y confianza en Tu grandioso poder. Amén.

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Perdonar, no Juzgar

Lucas 6:37 ¨No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.¨

Había una la historia de un niño que tenía dos panes, y su Papá le pidió uno. El niño miro a los ojos de su Padre y mordió ambos panes. El padre, frunció su cara un poco desmotivado, casi decepcionado porque esperaba otra respuesta del niño. Pocos segundos después, el niño mira hacia su Padre con una sonrisa tierna, extendió su mano y dijo: Toma Papá, este es el pan más dulce de los dos.

De aquí queda una enseñanza, es: No debemos juzgar puesto a que desconocemos si el motivo detrás de la acción, es bueno.

Del versículo inicial, podemos mencionar que en el trato con las personas, lo que hacemos es lo que recibiremos, como una especie de bumerán, cuando llega a su resultado se devuelve al punto inicial. Obsérvese que si actuamos de una manera positiva para con el prójimo, recibiremos lo mismo, seremos percibidos como personas gratas. Ahora si solo juzgamos, condenamos y no somos capaces de perdonar o tener alguna conducta positiva, entonces estaremos fuera del rango de alcance de la gracia divina, con la cual llegamos a agradar a Dios.

Señor, gracias por tus enseñanzas. Cada vez queremos ser más parecidos a ti, en nuestras actitudes, forma de reaccionar ante las situaciones, intentamos seguir tus pasos, imitar tus conductas, ayúdanos Padre, a dar las mejores cualidades que tengamos para ofrecer en cada acto, en nuestras relaciones, con todas las personas. Llévanos cada día a mejorar los aspectos de la vida para agradarte y hacer tu voluntad para glorificarte. Amén.

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Clamar a Dios

“Cumplirá el deseo de los que le temen; Oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará” (Salmos 145:19)

Después de todos estos años, todavía no entiendo por completo el tema de la oración. Me resulta un misterio. Pero sí sé una cosa: cuando estamos desesperadamente necesitados, la oración brota con naturalidad de nuestros labios y de lo más profundo de nuestro corazón.

Cuando estamos muertos de miedo, más allá de lo que podemos soportar, fuera de lo acostumbrado y con nuestro bienestar en peligro o amenazado, recurrimos a la oración de manera involuntaria e instintiva. Nuestro clamor natural es: “¡Señor, ayúdame!”.

El autor Eugene Peterson escribió: “El lenguaje de la oración se forja en el crisol de la dificultad. Cuando no podemos ayudarnos solos y clamamos por ayuda, cuando no nos gusta dónde estamos y queremos escapar, cuando nos desagrada quiénes somos y deseamos cambiar, usamos expresiones básicas que se convierten en el lenguaje esencial de la oración”.

La oración empieza con los problemas, y continúa porque siempre tenemos alguna clase de dificultad. No exige ninguna preparación especial, vocabulario exacto ni postura apropiada, sino que brota cuando enfrentamos necesidades y, con el tiempo, se convierte en una respuesta habitual para toda situación (buena o mala) de esta vida (Filipenses 4:6). ¡Qué privilegio es llevar todo a Dios en oración!

Señor,  Inflige en mí el valor para no temer cuando me apremie una aflicción, sabiendo que has dispuesto en mí que triunfe Tu verdad. Madura mi fe para entender el verdadero significado de la fe, creer en que se hará Tu maravillosa voluntad. Amén.

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Después es Ahora

“¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?” (Mateo 24:45)

La Palabra nos dice que Dios muestra Su poder a favor de los que tienen un corazón “perfecto” para con Él (2 Crónicas 16:9). El término “perfecto”, no significa que debemos hacer todo a la perfección y vivir sin cometer errores. Gracias a Dios no es así. Perfecto significa: “dedicado —un corazón consagrado, dedicado, leal y fiel a Dios—”.

Los errores que cometamos no evitarán que Dios obre en nuestra vida. Sólo nuestra falta de fidelidad puede impedir que Él actúe a nuestro favor.

¿Quién es fiel? El que invierte su tiempo haciendo lo que Dios lo ha llamado a hacer. Como Jesús lo describe: el que toma su cruz y le sigue. El que rechaza sus deseos carnales e invierte su vida en las cosas que Dios desea que haga.

Quizás Dios haya estado exhortándote a que pases más tiempo en Su Palabra y en oración, o que ministres más a las personas que te rodean. Él puede estar llamándote a orar por los enfermos o a enseñar la Palabra. Pero tu estás ocupado, así que te alejas silenciosamente con muy buenas intenciones le dices a Dios que después lo hará. Ahora bien, después es ahora.

Determina hoy a ser un siervo fiel y prudente. Examina las cosas que te están absorbiendo el tiempo del Señor. Pon los intereses del Señor antes que los tuyos.

¿Quieres ser un líder en la casa de Dios? ¿Quieres que Él muestre Su poder a favor tuyo? Entonces has suyos los pensamientos, los propósitos y los planes de Jesús. ¡Es hora de ser fiel!

Señor, guíame cada día en la batalla por conquistar esa nueva creación, alejada del pecado, a la que me has llamado a ser. Dame fortaleza, para negarme a ser ese que se aleja de tus sendas, y dame sabiduría para volverme a Tu palabra y encontrar en ella, la gracia de Tu presencia. Amén

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Disfruta el Momento

“Este es el día que ha creado el Señor; regocijémonos en él” (Salmos 118:24)

El verdadero gozo de la vida esta en el viaje. La estación es solo un sueño. Se aleja de nosotros sin cesar. Porque preocuparnos del pasado, si ya recorrimos ese camino. Porque hacernos eco del futuro cuyo camino todavía no se encuentra ante nosotros.

“Disfruta el momento” es un buen lema, sobre todo si lo complementas con el versículo de hoy: “Este es el día que ha creado el Señor; regocijémonos en él”.

No son las cargas del hoy lo que enloquece al hombre. Son los arrepentimientos por el ayer y el miedo al mañana.

Por eso, deja ya de recorrer los pasillos y contar los kilómetros. En Cambio, escala más montañas, toma más helado, camina descalzo con más frecuencia, zambúllete en más ríos, contempla más atardeceres, ríe más, llora menos…

Es preciso vivir la vida en pleno viaje. La estación llegará demasiado pronto, y cuando nos percatemos de ellos será tarde para recuperar el tiempo que habremos perdido en preocupaciones que al final superamos, porque contábamos con Dios.

Señor, que mis errores pasados y mis angustias por aquello que pueda venir, desaparezcan al saber que cuento contigo. Se que no me abandonas y me sostienes en todo momento, por lo que hoy decidiré disfrutar cada momento presente sabiendo que camino contigo, y por ello, la victoria será el único resultado al final. Amén.

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